30/10/08

Palabras en la entrega del premio "Palmeño del año en el exterior" a Santiago Morales

Señoras, señores, queridos amigos todos:

He aquí que la asociación palmeña Al-Ándalus ha nombrado Palmeño del año en el exterior a Santiago Morales Pérez, que desde Venezuela lleva a Palma en el corazón.
Así es que, sin más preámbulos, hablemos de Santiago Morales, de nuestro Santiago, a quien todos vosotros conocéis por su relación con el mundo taurino; por su condición de torero, en sus años de mocedad y juventud, y de ganadero y cronista taurino durante las casi tres últimas décadas.
Pues bien, lo primero que debo señalar es la inmensa vocación de Santiago por el toreo. Guardo muy vivamente en mi recuerdo aquella luminosa mañana primaveral de 1963 en que acudí a abrir la puerta de mi domicilio madrileño y me encontré frente a Santiago —un chavalillo de diecisiete años, tan sólo— que, recién llegado de Palma, sin más preámbulo y a modo de saludo, me espetó: ¡Tengo que ser torero, primo! ¡Tengo que matar un toro!
Comprendí inmediatamente que me encontraba anta la resolución de un muchacho que, a la temprana edad en que se definen las verdaderas vocaciones, había decidido ser torero y ponía todas su energías al servicio de esa vocación.
La Casa de Campo de Madrid era el lugar de encuentro y de entrenamiento diario de los aficionados que se daban cita en la capital de España. Allí acudía Santiago cada mañana, y durante aquellos años —los años básicos de su formación como torero—, con su muleta, su estoquillador y su capote, y allí hizo las primeras amistades y encuentros con la gente del mundillo taurino. Años duros, de entrenamiento diario, de ilusiones y a la espera de que surgiera la difícil oportunidad de una corrida, de una capea, de un tentadero donde darse a conocer en un mundo difícil, en el que sólo unos pocos elegidos por la Fortuna alcanzaban la gloria.
Si toreó su primer tentadero en el cortijo de La Vega, en Palma del Río, en 1962, con sólo 17 años, fue en 1995, ya con 55 años, cuando se vistió por última vez de luces, en el bello pueblo andino de Delicias, en la frontera con Colombia. El último toro lo mató en la feria de La Grita. Entre medias, más de 170 novilladas en España, con caballos y sin ellos: sonados fueron sus triunfos en Cercedilla, La Adrada, Sotillo, Piedralaves, Casas Viejas, Portillo, Méntrida, Aranda del Duero, Lerma, Aranjuez, Aravaca, Peñaranda de Bracamonte, San Felíu de Guixols, Lloret del Mar, Coca, Pozuelo de Alarcón, Las Rozas y dos capitales: la Feria de San Juan, de Soria, y Logroño. También en el Mediodía francés: Béziers, Collioure... Y una en el continente africano, en Tánger.
En Alcalá de Guadaira, una corrida televisada para toda España, cuando la televisión era un lujo y los hombres llenaban los bares para beber vino de la tierra y hablar y ver fútbol y toros en blanco y negro. Era su gran oportunidad pero los toros no dieron el juego esperado.
Dejó allí, sin embargo, una faena propia de ángeles, una faena literaria, cual fue el más bello brindis que jamás se haya hecho en una plaza de toros y que ha quedado escrito en letras de oro en la memoria de todos los que amamos la fiesta:

“Este toro se lo brindo a mi madre y a todas las madres de los toreros, mártires anónimas de la Fiesta”.

Tras esta corrida, decide irse a América.
Brasil y sus carnavales, selva y garotas en Copacabana, Argentina y la pampa húmeda, Uruguay, Chile y el golpe pinochetista, Bolivia y su encuentro con la más absoluta pobreza de los indios, el Perú de los militares… Infatigable viajero, recorrió la América hispana de cabo a rabo, es decir, del río Grande a la Patagonia, levantando el dedo para pedir el aventón, la corona del brasileño, la cola, como dicen en Venezuela, el autostop del hablar del pitiyanqui.
El Ecuador, triunfador absoluto en la monumental de Quito durantes tres años consecutivos y en la temporada de novilladas de Iñaquitos. Mató 16 novilladas con picadores y una corrida de toros en Quito, Ambato, Riobamba, Cayambé, Guayaquil, Machachi, Cuenca y una corrida de toros en Azogues. Amigo de los dominguines Luis Miguel, Domingo, Pepe y del primo hermano de éstos, Domingo Peinado.
Y por fin la tierra prometida, el paraíso perdido, el jardín del Edén: El Táchira. Estado limítrofe con Colombia y conocida como la región más taurina del país, Los Andes…
El Junco se denomina el idílico paraje donde Santiago vive con alegría y en armonía con la madre naturaleza, como un campesino más. En ese bucólico sitio tiene una finca en la que afila nostalgias y, así, la ha llamado Palma del Río, en donde se yergue altiva una placita de tienta de la más pura solera andaluza, enjalbegada con la luz de la cal viva que estalla en las piedras calientes de esta tierra.
Y allí mismo, en el Junco, distrito de Cárdenas, a 1700 metros de altitud, en los Andes venezolanos, cumplió su anhelo de tener su ganadería. Allí llevó los dos sementales, las 30 vacas y los 14 becerros de encaste Santa Coloma que compró a Gandica.
Debutó como ganadero en la Monumental de San Cristóbal, en un festival celebrado el 21 de noviembre de 1989, con Pepe Luis Valencia, Luisito Prato y Luis Cárdenas. A todos los novillos se le cortaron las orejas.

Especialmente interesante considero la actividad profesional de Santiago Morales como Periodista, en la que ha alcanzado merecidísima fama.
Hay que tener en cuenta que Santiago, que ha vivido 45 años con los toros, es un gran conocedor de todos los aspectos de la tauromaquia, habiendo sido considerado una enciclopedia taurina —una especie de Cossío— ambulante. Así, se convirtió en narrador, comentarista, presentador, y, en fin, periodista taurino en prensa, radio y televisión. Daremos tan sólo algunas pinceladas de esta faceta de su vida profesional:
Veintisiete años como narrador o comentarista taurino, en Radiovisión, Radio- Cadena Mundial, Radio Latina, Radiodifusora Cultural del Táchira, Radio San Cristóbal, Radio Noticias 1060 A M, y Universitaria 106.5, donde ahora continúa.
Comentarista a través de Televisora Regional del Táchira, Universal de Televisión y OMC Televisión, de Mérida.
Diecisiete años como director del programa taurino Tendido de Sol, creado por él, que actualmente se emite por Radio Universitaria.
Diez años como corresponsal taurino para toda Venezuela de la agencia de noticias española EFE.
Colaborador con su página de Tendido de Sol en Diario La Nación, Diario Pueblo, El Meridiano, Diario Católico, Diario Los Andes, y varios más.
Tres años como corresponsal de la revista taurina española Aplauso.
Colaborador de varias páginas taurinas de Internet, como www.venezuelatauri- na.com y www.alostoros.net.
Ha intervenido en numerosos programas de debate televisados, como en la Televisora Regional del Táchira, Universal de Televisión y OMC Televisión, de Mérida.

Y terminamos con los mensajes que, desde tierras venezolanas, nos han hecho llegar dos grandes amigos de Santiago: el Profesor Gustavo Villamizar Durán y el periodista e historiador Antonio Ruiz Sánchez.

Pero, en aras de la brevedad que se nos ha pedido, paso a leer el segundo ellos, que lleva por título A QUIEN CONMIGO VA…, y dice así:

« DEBEN RECORDAR, mejor que yo, el Romance del Conde Arnaldos, recogido por Ramón Menéndez Pidal en Flor Nueva de Romances Viejos. Dice del prodigio que obra la canción de marinero: calma la mar, amaina los vientos, hace subir los peces a la superficie y posar las aves en el mástil.

Allí habló el infante Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
- Por tu vida, el marinero,
digasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero,
tal respuesta le fue a dar:
- Yo no digo mi canción
sino a quien conmigo va.

Conmigo, desde hace unos cuantos años, va Santiago Morales Pérez, quien es de ustedes los palmeños, los andaluces; pero también de nosotros los cristobalenes, los tachirenses. Aquí está, venido de su solar nativo a este lar acogedor. Nos lo encontramos plenamente entregado a honrar su oficio, su afición, su pasión. Con devoción y mano ancha, rinde tributo, a todo evento, a la amistad. Para combatir la tristura del solitario, es solidario cabal y sin esfuerzo. Da puro contento el homenaje que se le rinde en Palma del Río. Por ser lo que somos para Santiago, también, en cierto modo, nos atañe tal honorificencia, si no en la luz que despide, por lo menos en el latido compartido de la alegría. »

Muchas gracias.

Joaquín de Alba Carmona,
Palma del Río, 17 de marzo de 2007

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